DAKAR

Dakar está viva, llena de colores, sabores y olores

Tiene un mar tan intenso que parece devorarte cada vez que lo miras, y polvo, demasiado polvo. Hay épocas del año en las que no se atisba ni una migaja de sol. La poussière lo llaman. Yo en cambio lo llamo el maldito polvo que me hace estornudar sin descanso.

El centro de la ciudad, Plateau, es el infierno. Tráfico descontrolado que no atiende a normas, mercadillos allá donde mires, senegaleses atosigándote porque al ser blanco eres el blanco (qué juego de palabras más currado eh?), calor excesivo, humos tóxicos, muchos minusválidos pobres, muchos pobres locos... La tristeza, el agobio y el consumismo se concentran en este punto. 

Siempre pasa que cuando uno se aleja de la ciudad, todo cambia: el paisaje, las actitudes, las sensaciones... Uno de mis lugares preferidos es Yoff. Ahí he visto los atardeceres más increíbles de mi vida, he aprendido a hacer surf, y he escuchado hipnotizada cómo tocan los locales el djembe. Ahí hay magia, os lo prometo.

También está la Isla de los Exclavos, Gorée, el barrio de Ouakam, los poblados perdidos de las afueras... Cada vez que miro las fotos que aparecen aquí abajo, tengo que pestañear rápido para evitar que mis lágrimas se emocionen demasiado.